El juicio de París

Sin palabras
me abro camino al pensamiento,
contra esta batalla inútil
que hace de la arena
una metáfora acorazada por el viento
arenas destiladas por el sueño al deseo, al espacio.
Ni la ciudad,
o el amor
son parte de este ir sin un desde donde.
Allí, hombres vencidos por el tedio
se entregan a la transparencia del mal
al silencio estéril de su dios
enfrentados a la espada,
la lanza, el martillo, al hambre

o la peste que bendicen sus santos;
hombres que ven en la espuma del mar sirenas,
medusas,
al destino en sus amadas
en el enemigo que dio al encuentro
un logos redentor,
o cuando miran hacia arriba
testifican ver un orden,
un amontonamiento de relojes y símbolos
o a los dioses buscar cercanía con los hombres
sin embargo, sabemos que no,
ellos quieren digitar sus tedios
llenar su inmortalidad de pequeños actos
para juzgarnos
donde se confunden hombres e imagen,
donde se encuentran la palabra
con el susurro gélido de la locura
con el palpito de un regreso apenas deseado:
¿puede el hombre,
habitarse con su silencio libidinoso?
imágenes deshilvanadas
recibidas por el crepúsculo
son ecos diáfanos que llegan en busca de sentido,
de mirada
y quizás por una onza de voz.

Los perros ladran atados a la espera de sus amos.
El sordo murmullo de la calle
llega acompañado de siluetas ásperas
en un combate contra fragmentaciones inevitables
con sus horas lentas
que llevan a los cuerpos
imágenes de un mundo apenas verbal.

Aaron I Rodas R
España. Mayo 2019