Una ciudad para Hércules

El sol se amontona en las paredes.
quiere hurgar en las alcobas
pero los hombres somos animales racionales
amantes del ocultamiento.
Cada cristal, cada bloque de arcilla acumula una memoria
que tu, hombre nuevo, apenas imaginas
al sentir que un dios ebrio, colérico
llama a tu puerta con una clava y su piel de león.
ciudadano o bárbaro, aun bajas la persiana en invierno.
Algo en ti extraña las grutas,
el campo abierto, la asoladora soledad del cosmos
donde ya no buscas dioses,
el ordenamiento del tiempo
y esperas lo peor,
un meteorito, un enemigo estelar
que golpeara y llegara a tu tierra donde habitas
entre voces que buscas cuando la soledad
señala tu muerte con su voz racional,
tu finitud.

¿pero quien es un bárbaro?
¿Es el otro, calcinado por su fuego empozoñado?
No lo sabemos;
el mar con sus olas de hierro frio
trae héroes carcomidos por el tedio
con su dios indigente,
y un oscuro libro que justifica sus violentas fronteras
y desprecia los palacios del dios enemigo.

Aarón Rodas R
Marzo 2019. España