….Y si Dios te mira

… Y si Dios te mira
no salgas a buscarle,
no si aún no tienes el diezmo que debes darle,
si te mirase
cuando el día alarga sus dedos
para borrar las sombras de los muros,
ese tufillo
que tiene la calle de día pagado
que cae hasta el fondo del mundo
te dará calma si pagas el tributo con tus hijos.

Cada voz confía
en el esfuerzo de una semana resuelta
no importara el pensamiento,

la mirada,
cargan a sus hijos como escudo
con el miedo de que todo cambie
y dejan vagar la mirada
por la agitada perspectiva de la calle.
Están a salvo,
sus reinos son de aquí
sus teologías: la guerra y el poder
se define en tribunales y cortes poderosas
mientras sus hijos van a clases
y así, reanudar el ciclo.
Funcionarios, profesores apenas se diferencian;
sábados y domingos se encuentran en los bares,
lo hicieron sus padres,
esperan que nada cambie
que sus hijos sigan ese encontrarse
y pagarse el vino
o la cerveza mientras fuman,
es tan maravilloso:
parecen decirse unos a otros!
este presente que gira entorno mío,
piensan,
sienten sin tener que cerrar los ojos
embriagados en la plenitud que da el salario.
Cada día de la semana tiene un valor

y el mes
y el año tienen un valor, lo saben.
La playa, la montaña
el extranjero son posibilidades si los días
han sido rentables.
Las religiones, el dios del libro
han trasvasado la vieja verdad
dentro de los recipientes anodinos del lenguaje
al decálogo del justo medio:
Estado,
persona
propiedad y libertad
olvidan que en un mundo sin hombres
las patrias
aparecerán cuando llegue la noche
proclamadas por sus profetas.
A la hora del rezo, bien vale un yo radiante.

Amnesia
los plátanos,
austeros jinetes del verano,
dejaban sus últimas hojas caer sobre el sendero
que se hundía en el mar;
llegan al invierno con sus emblemas dorados
amontonados en las cornisas de la tarde,

o en los linderos violáceos del crepúsculo.
En sus tostados tallos,
reverbera la silueta exhausta del día
llenos del viento fresco del norte
que encierra el vuelo de gorriones y carboneros,
y se evaden del hombre las chotacabras.
No quieren las migas de pan
por las que riñen gaviotas y palomas.
A veces, cuando retorna la memoria
cargada de silencio,
ese hombre superfluo
redime con palabras el cuerpo lento,
lleno de una compasión corrompida
por la dialéctica del combate
de días, años heridos en sus manos
sin poder encontrar las palabras
o las imágenes que habiten sus metáforas vacías:
traidor,
santo, hereje o teólogo de un mal
que acosa las formas,
los cuerpos,
así va, cercano a su sombra dilatada
enemigo que le mira desde atrás del astro
y envilece su calma;
de ella levantan vuelo las cumbres desamparadas,

indecisas presencias
llevadas al sacrificio
donde la voluntad forcejeo con el tiempo,
e irrumpen
mezcladas al aroma áspero de arbustos secos,
lo inútil del lenguaje,
la huella que se adentra en la noche
con la tibieza intacta de una mujer
que aun palpita en las manos.

Aaron Rodas R
España. 2018